Tecnología, Inteligencia Artificial y comercio: una reflexión desde el mostrador de Electrónica Paternal

Durante décadas imaginamos el futuro a través del cine.

Autos que se manejan solos, computadoras capaces de conversar con nosotros, máquinas que aprenden, robots que realizan trabajos humanos y sistemas que pueden tomar decisiones cada vez más complejas.

Muchas de esas ideas parecían ciencia ficción.

Hoy algunas forman parte de nuestra rutina.

Usamos el celular para trabajar, comprar, pagar, comunicarnos, buscar una dirección, escuchar música, mirar televisión y resolver problemas. La Inteligencia Artificial ya puede redactar un texto, analizar información, generar una imagen o ayudarnos a organizar una campaña comercial en cuestión de segundos.

Y esto recién empieza.

Pero cuanto más avanzamos, más interesante resulta hacernos una pregunta:

¿Todo lo que podemos automatizar deberíamos automatizarlo?

Desde Electrónica Paternal tenemos una posición bastante clara.

Nos gusta la tecnología.

Vivimos de ella.

La utilizamos todos los días.

Pero creemos que la tecnología tiene que estar al servicio de las personas y no al revés.

James Cameron, Terminator y una predicción que dejó de parecer tan lejana

En 1984, James Cameron estrenó The Terminator.

La película presentaba un futuro dominado por Skynet, un sistema de Inteligencia Artificial que adquiere autonomía y termina enfrentándose a la humanidad.

Naturalmente, estamos hablando de ciencia ficción.

Pero lo interesante de Terminator casi medio siglo después no es preguntarnos si aparecerán robots asesinos.

La pregunta interesante es otra:

¿Cuánto poder estamos dispuestos a delegar en los sistemas tecnológicos?

Durante muchos años, una computadora era fundamentalmente una herramienta que ejecutaba instrucciones.

La revolución actual de la Inteligencia Artificial cambia parcialmente esa relación.

Ahora interactuamos con sistemas capaces de generar respuestas, interpretar información, reconocer patrones y producir contenido.

Eso abre posibilidades extraordinarias.

También obliga a utilizar estas herramientas con criterio.

La gran predicción cultural de películas como Terminator quizás no haya sido imaginar una máquina determinada, sino anticipar una sociedad que tendría que discutir hasta dónde quiere delegar sus decisiones en la tecnología.

Los beneficios del avance tecnológico son enormes

Sería contradictorio que un comercio llamado Electrónica Paternal estuviera en contra del avance tecnológico.

No lo estamos.

Todo lo contrario.

La tecnología permitió democratizar herramientas que hace algunos años estaban reservadas para grandes empresas o especialistas.

Hoy una persona puede comenzar un emprendimiento desde su casa.

Puede crear una tienda online.

Aprender mediante tutoriales gratuitos.

Editar videos desde un teléfono.

Vender productos a otra provincia.

Realizar campañas publicitarias.

Utilizar Inteligencia Artificial.

Hablar instantáneamente con alguien que está al otro lado del mundo.

Desde el punto de vista de una PyME, las posibilidades son impresionantes.

Nosotros mismos estamos incorporando herramientas como ChatGPT para organizar información, desarrollar ideas, agilizar campañas de marketing, producir contenido y automatizar determinadas tareas.

Trabajos que anteriormente podían demandar horas hoy pueden comenzar a resolverse en minutos.

Ese aumento de productividad es real.

Pero toda tecnología también tiene un costo

No necesariamente económico.

Uno de los grandes riesgos aparece cuando confundimos eficiencia con calidad.

Responder más rápido no significa necesariamente atender mejor.

Publicar más contenido no significa comunicar mejor.

Tener miles de contactos no significa conocer a nuestros clientes.

Automatizar una conversación tampoco significa construir una relación.

Y quizás este sea uno de los debates tecnológicos más interesantes de los próximos años.

Estamos consiguiendo herramientas extraordinarias para comunicarnos al mismo tiempo que corremos el riesgo de comunicarnos cada vez menos entre nosotros.

El celular nos conectó con todo y también cambió nuestra forma de socializar

No hace tanto tiempo, para comprar un producto había que caminar por el barrio, entrar a un negocio, preguntar, comparar y conversar con un vendedor.

Para encontrarse con alguien había que acordar previamente un lugar.

Para conocer algo nuevo había que preguntar, leer, investigar o buscar a alguien que supiera.

El smartphone modificó prácticamente todas esas situaciones.

Hoy tenemos una cantidad gigantesca de información en el bolsillo.

Pero también vivimos pendientes de una pantalla.

Nos comunicamos mediante mensajes.

Compramos sin hablar con nadie.

Trabajamos a distancia.

Consumimos entretenimiento individualmente.

Los algoritmos deciden gran parte del contenido que descubrimos.

Incluso cuando estamos físicamente acompañados, muchas veces nuestra atención está en otro lugar.

No significa que antes todo fuera mejor.

Significa que estamos viviendo una transformación social enorme y todavía estamos aprendiendo a convivir con ella.

El comercio de barrio también está cambiando

Desde el mostrador este cambio se observa de una manera muy concreta.

Vemos menos circulación comercial en muchos negocios tradicionales del barrio y una parte cada vez mayor de las decisiones de compra comienza antes de que el cliente entre al local.

La persona busca en Google.

Compara en marketplaces.

Pregunta por WhatsApp.

Mira un video.

Consulta las redes sociales.

Compara precios.

Y recién después decide dónde comprar.

En algunos casos, directamente nunca visita un comercio.

Esto representa uno de los mayores desafíos para los negocios tradicionales.

Internet abrió un mercado enorme, pero también convirtió prácticamente a cualquier vendedor del país —e incluso del exterior— en un potencial competidor.

La paradoja del comercio electrónico

Nunca fue tan fácil encontrar productos.

Y probablemente nunca haya sido tan difícil diferenciar quién realmente sabe lo que está vendiendo.

Todos los días aparecen productos importados nuevos.

Muchos llegan con nombres desconocidos, especificaciones poco claras y diferencias enormes de precio.

En ocasiones, nosotros mismos conocemos determinados artículos cuando llegan al mercado.

Entonces hacemos lo mismo que hicimos durante años:

Los miramos.

Los investigamos.

Intentamos comprender cómo funcionan.

Escuchamos las consultas.

Aprendemos.

Y después podemos asesorar.

Ese proceso no se automatiza fácilmente.

Porque el conocimiento comercial también se construye mediante experiencia.

Cuando todos pueden vender lo mismo, el servicio vuelve a importar

Internet produjo una enorme transparencia de precios.

Un cliente puede comparar diez vendedores en minutos.

Competir exclusivamente por precio en ese escenario puede convertirse en una carrera sin final.

Siempre puede aparecer alguien más barato.

Por eso creemos que el comercio físico todavía conserva una ventaja extraordinaria:

la confianza.

Poder hablar con alguien.

Explicar qué necesitás.

Mostrar el dispositivo.

Preguntar si determinado adaptador sirve.

Volver si aparece un inconveniente.

Recibir una recomendación basada en experiencia.

Eso también tiene valor.

Quizás incluso tenga cada vez más valor precisamente porque se está volviendo menos frecuente.

Automatizar no es negocio

El título de este artículo puede parecer contradictorio porque nosotros mismos utilizamos automatización.

Pero justamente ahí está el punto.

Automatizar no es el negocio.

Automatizar es una herramienta.

Podemos automatizar un email.

Una publicación.

Un recordatorio.

Parte de una campaña.

Una respuesta frecuente.

Una tarea administrativa.

Lo que no queremos automatizar es nuestra relación con las personas.

Nuestro negocio sigue siendo entender qué necesita alguien y tratar de encontrar una solución.

Nuestra manera de utilizar la Inteligencia Artificial

En Electrónica Paternal decidimos incorporar IA generativa de una manera muy concreta:

usar la tecnología para tener más tiempo para las personas.

Si ChatGPT puede ayudarnos a organizar una campaña, investigar una idea inicial, estructurar un artículo o acelerar una tarea repetitiva, podemos dedicar ese tiempo a otras actividades donde nuestra experiencia aporta mucho más valor.

Atender.

Investigar productos.

Resolver problemas.

Mejorar el catálogo.

Hablar con proveedores.

Escuchar a nuestros clientes.

Pensar nuevas ideas.

La IA no tiene que convertirse en nuestra identidad.

Tiene que ayudarnos a potenciarla.

El comercio del futuro probablemente sea híbrido

No creemos que la solución sea elegir entre Internet o el local.

Entre personas o Inteligencia Artificial.

Entre comercio tradicional o comercio electrónico.

Probablemente el futuro esté en combinar lo mejor de ambos mundos.

Una página disponible las 24 horas.

Con personas cuando necesitás asesoramiento.

Automatización para las tareas repetitivas.

Experiencia humana para las decisiones importantes.

Inteligencia Artificial para procesar información.

Criterio humano para decidir qué hacer con ella.

Tienda online para comprar desde cualquier lugar.

Y un comercio real al que puedas acudir cuando necesitás hablar con alguien.

La tecnología debe ampliar nuestras capacidades, no reemplazar nuestro criterio

Estamos entrando en una etapa fascinante.

La Inteligencia Artificial continuará avanzando.

El comercio electrónico seguirá creciendo.

Los celulares serán todavía más importantes.

La automatización llegará a nuevas actividades.

Y seguramente dentro de diez años utilizaremos tecnologías que hoy ni siquiera imaginamos.

No creemos que haya que tener miedo a ese futuro.

Pero tampoco creemos que haya que aceptarlo sin preguntarnos qué queremos conservar.

Desde nuestro pequeño lugar dentro del enorme mundo de la tecnología elegimos algo bastante sencillo:

usar las máquinas para hacer mejor nuestro trabajo y utilizar el tiempo que ganamos para seguir siendo personas.

Porque podemos automatizar procesos.

Podemos digitalizar una tienda.

Podemos utilizar Inteligencia Artificial.

Pero después de más de una década detrás de un mostrador seguimos aprendiendo algo que ningún avance tecnológico consiguió volver obsoleto:

cuando una persona tiene un problema, todavía agradece encontrar otra persona dispuesta a escucharla.


Electrónica Paternal: tecnología con atención humana

En Electrónica Paternal seguimos adaptándonos a una nueva forma de comprar y vender electrónica.

Tenemos tienda online, utilizamos herramientas digitales, experimentamos con Inteligencia Artificial y buscamos permanentemente nuevas formas de trabajar mejor.

Pero mantenemos el mismo principio que nos acompañó desde el comienzo:

la tecnología es nuestra herramienta; la confianza es nuestro negocio.

Conocé nuestros productos, novedades y contenidos en la tienda oficial de Electrónica Paternal.

 

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